viernes, 20 de mayo de 2011

En la calle por una Patagonia Sin Represas


Desde fines de los años 80, cuando el país se movilizaba por derrocar una dictadura militar encabezada por Pinochet que no se planteaba de forma constante la marcha como herramienta de manifestar una opinión.  Por muchos años la gente dejó de reunirse para organizarse y demandar ser escuchados. Al parecer en los 90 el malestar social se había quedado sólo en conversaciones dentro de un círculo de confianza.  El sistema neoliberal deja tiempo sólo a trabajar y a preocuparse de los problemas del día a día. Sin embargo, la globalización, el internet como medio informativo, la liberación de contenidos y las promesas incumplidas por las clases políticas llevaron a los chilenos a vivir un siglo XXI más escépticos, menos ingenuos y hartos de las mismas mentiras y robos.  La consecuencia de esto es lo que hemos experimentado como país durante las últimas semanas con el repudio ciudadano al mega proyecto hidroeléctrico Hidroaysén.
Es cierto que hay antecedentes de grandes movilizaciones que han servido para generar discusión sobre grandes temas, éticos, políticos y sociales. Tales como la concurrida manifestación  del 2008 a favor de la píldora del día después, que produjo gran sorpresa al ver tantas mujeres protestando por sus derechos reproductivos, y en definitiva humanos. En ese sentido las marchas poseen características de expectativas, satisfacción,sentimientos de unión y acción. 

Tampoco podemos obviar las movilizaciones de los estudiantes secundarios en el 2006, ni internet lo hace, páginas como: wikipedia, el museo de la prensa, educar chile, entre otras,  se encargaron de registrar el proceso. La organización y la necesidad de una revolución en la educación chilena fue a tal punto que sostuvo durante casi un año a los estudiantes en las calles y colegios protestando. La clave está en ser constantes y persistentes. 

 Por estos días, a un año del celebrado y criticado bicentenario, niños, jóvenes, adultos y personas mayores se movilizan en contra de la Patagonia chilena sin represas. Pareciera a simple vista que son grupos de personas amantes de la naturaleza, casi con un deseo antojadizo de salvar la flora y fauna del lugar, sin embargo el conflicto es mayor. El problema posee tres grandes aristas: el incansable saqueo de los recursos naturales en Chile y Latinoamérica. Dos, el dañino, ineficiente y  poco ético plan de progreso que tienen los gobiernos, del color que sean, para el país. Se escudan en estigmatizar a los manifestantes cómo gente que no quiere el desarrollo para Chile, una gran mentira, los opositores plantean formas más sustentable y respetuosas  con el medio ambiente y el entorno que nos rodea. Y tres, la política que se realiza entre cuatro paredes, el clientelismo, las decisiones de país que toman no más de 10 personas. Ese es el problema de fondo, el sistema político que no incorpora a la gente y la democracia que nunca llega.